PROYECTO: GOODBYE2000.
Entre muros centenarios y hallazgos inesperados, esta vivienda se repliega y se expande para revelar una nueva forma de habitar. La madera vista, las baldosas recuperadas y la continuidad espacial tejen un hogar donde la memoria no pesa: acompaña. Una arquitectura que escucha y se transforma con delicadeza.
FOTOGRAFÍAS: OLEH KARDASH.
Casa Escaleta se sitúa en una trama tranquila de l’Horta Sud, protegida por una fachada que apenas deja intuir la transformación que alberga. Tras una estrecha escalera, propia de las viviendas tradicionales de la zona, se revela una casa centenaria que conserva la esencia de la arquitectura local. La intervención parte de un profundo respeto por esta herencia, reinterpretando su distribución para adaptarla a la vida de una joven pareja que buscaba un espacio contemporáneo sin desprenderse del carácter del pasado.
Durante la rehabilitación surgieron hallazgos que reorientaron la identidad del proyecto. Al retirar los falsos techos apareció la estructura de madera inclinada que sostiene la cubierta, un gesto constructivo que define la percepción espacial y aporta una calidez natural que estructura la atmósfera de la vivienda. Bajo el pavimento se encontraron las baldosas hidráulicas originales, cuyas geometrías y coloraciones se convirtieron en una guía silenciosa para decidir las tonalidades y texturas que acompañarían el nuevo diseño.
La casa se organiza alrededor de una sala diáfana que acoge las actividades cotidianas. Allí, la cocina ocupa un lugar central, no como una pieza aislada, sino como un elemento que articula la vida doméstica y la relación entre las distintas estancias. La continuidad visual y la ausencia de compartimentaciones marcan un ritmo más fluido, donde cada detalle se integra en un todo que busca claridad y apertura. En los extremos se ubican los dormitorios, preservando su intimidad dentro de un conjunto que aún respira unidad.
Uno de los gestos más distintivos es la nueva escalera de caracol, situada junto a un muro recuperado que mantiene la textura del ladrillo visto. Este elemento vertical conduce a la terraza en la cubierta, un espacio exterior que amplía la experiencia de la vivienda y establece un vínculo directo con el entorno urbano. Desde allí, la casa se percibe como un organismo que se despliega en diferentes capas, alternando ámbitos resguardados con otros más expuestos a la luz y a la ventilación natural.
El proyecto refuerza la presencia de los elementos preexistentes, que no se ocultan ni se diluyen. Las vigas visibles, la gran puerta de doble hoja y algunos fragmentos de pavimentos recuperados permanecen como testigos de la historia del lugar, conviviendo con una nueva materialidad que los enmarca sin competir con ellos. Los vanos se abren para favorecer la continuidad espacial y la relación con la terraza, mientras que la iluminación, cuidadosamente distribuida, acompaña los momentos del día sin imponerse.







