PROYECTO: FERRUZ STUDIO.
En el corazón del Empordà, esta vivienda unifamiliar levanta un refugio contemporáneo donde piedra, madera y hormigón dialogan con el paisaje. La casa se abre al jardín y a la piscina con una arquitectura sobria, precisa y atemporal, pensada para habitar la luz mediterránea con naturalidad y equilibrio cotidiano.
FOTOGRAFÍAS: PEP DAUDÉ. TEXTOS: ADA MARQUÉS.
La vivienda se concibe como un refugio contemporáneo en el corazón del Empordà, un lugar donde la arquitectura busca establecer una relación serena y continua con el paisaje que la rodea. Desde su planteamiento inicial, el proyecto trabaja la conexión entre interior y exterior como una condición esencial del habitar, integrando el jardín, la piscina y las zonas de transición como parte activa de la vida doméstica. La casa no se impone sobre el entorno, sino que lo incorpora mediante una arquitectura contenida, precisa y profundamente vinculada a la tradición mediterránea.
La planta baja se abre con generosidad hacia el exterior a través de amplias superficies acristaladas que prolongan visual y espacialmente las estancias principales. Los porches y vuelos profundos generan ámbitos de sombra, protección y descanso, permitiendo que los espacios exteriores se utilicen durante buena parte del año. Esta relación entre cobijo y apertura define buena parte del carácter de la vivienda, que encuentra en la continuidad material y visual una manera natural de habitar el paisaje.
La volumetría responde a una composición de cuerpos puros, rotundos y equilibrados, condicionada por la normativa del entorno, pero resuelta con una voluntad clara de orden y serenidad. Frente a la geometría ortogonal dominante, una pieza curva en la fachada principal introduce una tensión sutil y un gesto casi escultórico, suavizando la lectura del conjunto y aportando una dimensión más introspectiva. Esa curva actúa como filtro, protege la intimidad y matiza la relación con el exterior sin romper la claridad formal de la arquitectura.
En el interior, la organización se articula en dos niveles diferenciados. La planta baja acoge la zona de día, abierta y fluida, con el salón como núcleo de la vida cotidiana, junto a dos dormitorios en suite con salida directa al jardín. La planta superior se reserva para la suite principal, concebida como un ámbito más privado y recogido. El acceso, ligeramente retranqueado, conduce a un gran ventanal que ordena la vivienda y da origen a una escalera de hormigón que conecta ambas plantas con naturalidad.
La materialidad refuerza la identidad atemporal del proyecto. La piedra natural, colocada sin rejuntar, establece un vínculo directo con la arquitectura tradicional del Empordà y aporta textura, profundidad y presencia. La madera introduce calidez en pavimentos, lamas y elementos de transición, funcionando también como filtro solar y de privacidad. El hormigón visto, presente en techos y elementos estructurales, subraya la sinceridad constructiva y dialoga con una paleta neutra y cálida.








