PROYECTO: ICONNO.
En esta vivienda, la arquitectura se expresa desde la contención y la precisión, construyendo una atmósfera serena donde los límites se diluyen. La luz natural y el paisaje organizan los espacios, mientras materiales nobles y soluciones ligeras acompañan una experiencia doméstica continua, equilibrada y profundamente silenciosa de coherencia formal y espacial.
FOTOGRAFÍAS: SILVIA PAREDES.
El proyecto Samaría se concibe como una vivienda contemporánea donde la sobriedad y la precisión articulan una arquitectura silenciosa, capaz de poner en valor aquello que no siempre se percibe de forma inmediata: la luz, la continuidad y la relación con el entorno. Desde su planteamiento inicial, la casa se entiende como un sistema abierto, en el que los límites físicos se diluyen y los espacios se suceden con naturalidad.
Las áreas sociales se organizan a partir de una planta fluida, sin compartimentaciones rígidas, donde cada estancia se vincula con la siguiente mediante una secuencia continua. Los grandes planos acristalados actúan como mediadores entre interior y exterior, permitiendo que la vegetación forme parte activa de la experiencia cotidiana. Esta transparencia no solo amplía visualmente los espacios, sino que introduce una variación constante de matices a lo largo del día, en función de la incidencia de la luz.
La materialidad responde a una voluntad de equilibrio. Los tonos neutros y las superficies cálidas configuran un fondo sereno que evita el protagonismo excesivo de los elementos constructivos. De este modo, la arquitectura se convierte en un soporte que acoge la vida, más que en un objeto que la condiciona. La precisión en los encuentros y la limpieza de las líneas refuerzan esta sensación de orden, donde cada decisión parece responder a una lógica contenida y rigurosa.
En las zonas privadas, el proyecto apuesta por una organización clara y funcional, sin renunciar a la continuidad espacial que define el conjunto. El dormitorio principal se concibe como una secuencia integrada en la que descanso, almacenaje y cuidado personal conviven sin rupturas. Los elementos de separación, ligeros y sutiles, permiten graduar la intimidad sin perder la conexión visual, generando un espacio que se percibe amplio y equilibrado.
Los sistemas de cerramiento adquieren un papel relevante dentro del discurso arquitectónico. Más allá de su función práctica, se integran como parte del lenguaje del proyecto, aportando ligereza y continuidad. Paneles, puertas y soluciones móviles contribuyen a una lectura unitaria del espacio, evitando interrupciones innecesarias y favoreciendo una percepción global.
El mobiliario se incorpora con la misma lógica de contención, introduciendo matices de confort y sofisticación sin alterar la serenidad del conjunto. Las piezas dialogan con la arquitectura desde la discreción, reforzando la calidad material y el cuidado por el detalle. En este equilibrio entre lo construido y lo habitable, la vivienda se despliega como un entorno donde cada elemento encuentra su lugar sin imponerse sobre el resto.







