PROYECTO: EVA ARQUITECTURA. CONSTRUCTORA: MOGAR ESPARREGUERA. PAVIMENTOS: ROSA GRES.
Entre la piedra que ancla la casa al suelo y la luz estable del norte, la vivienda se integra en silencio bajo Montserrat. Su arquitectura responde con respeto al paisaje, equilibrando tradición y contemporaneidad en un hogar pensado para vivir en calma, sin barreras, abierto al aire, al tiempo y a la mirada.
FOTOGRAFÍAS: JORDI MIRALLES.
A los pies de Montserrat, en un enclave donde el paisaje impone un diálogo respetuoso, la vivienda se concibe desde la contención y la armonía. La normativa que protege la montaña delimita volúmenes, colores y materiales, orientando el proyecto hacia una arquitectura que acompaña al territorio sin imponerse. Desde esta premisa, la casa adopta un lenguaje tradicional reinterpretado, con cubiertas inclinadas, fachadas combinadas y una composición que fragmenta el volumen para integrarlo mejor en el entorno inmediato.
La base pétrea y los paños continuos en tonos suaves establecen una lectura serena del conjunto, mientras un ligero vuelo separa ambos materiales para proteger las aberturas y aportar una transición visual que aligera la volumetría. La cubierta queda envuelta por un murete perimetral que oculta las tejas, gesto que permite mantener la imagen moderna buscada sin contravenir la normativa. La carpintería exterior, en sintonía cromática con los revestimientos, refuerza esta idea de unidad y discreción.
El acceso se anuncia mediante una pérgola de trazo limpio que conduce a una puerta pivotante. En el jardín, la presencia del olivo recuerda la identidad del valle, y una plataforma pavimentada ligeramente elevada delimita la zona exterior, proyectando la sensación de una casa que se asienta con firmeza en el terreno. La piscina se sitúa estratégicamente para recibir luz durante el máximo número de horas, una decisión que responde tanto a la orientación como a la voluntad de aprovechar las vistas laterales.
En la planta baja se concentra el programa principal, concebido para que pueda vivirse sin depender de la planta superior. Amplios espacios abiertos, circulaciones generosas y soluciones pensadas para garantizar comodidad y autonomía marcan la pauta de un hogar preparado para acompañar distintas etapas vitales. El salón, núcleo de la vivienda, se articula en torno a un doble espacio iluminado por una gran apertura orientada al norte, que baña la estancia con una luz constante y uniforme. La cocina, integrada sin rupturas, presenta un diseño hecho a medida que combina funcionalidad y claridad visual, con una isla que organiza el espacio y una ventana enmarcada que naturaliza la experiencia cotidiana.
La planta primera se organiza alrededor del vacío del doble espacio, generando un recorrido ligero que permite percibir siempre la relación con la montaña. Las habitaciones se abren a una terraza amplia, concebida como prolongación exterior desde la que se contempla el jardín. La escalera, con peldaños volados y barandilla de vidrio, acompaña este tránsito con una presencia casi ingrávida.






